Hay varios mitos en relación a la situación que entremezcla el status de la mujer con su belleza. Por ejemplo: decir que los hombres las prefieren rubias? Puede que evidentemente sea verdad, pero las morenas estamos de moda y, por lo demás, por muy rubia que sea una mina jamás olvidemos que el kólleston hace maravillas.
Por otro lado, está ese mito que compara la talla del sostén con el nivel de inteligencia. Al parecer se supone que mientras más abultada sea la delantera de una fémina, la inteligencia se ve mermada en estricta proporción. A Dios gracias, soy la típica chilena del tipo ?pera? que se ve harto mejor por detrás que por delante y no voy más allá del 32 B. (Para los hombres: esto es una talla de sostén de una mina al parecer bastante inteligente).
Sin embargo, la comparación más tradicional que se hace, tiene que ver con la belleza y la inteligencia, las cuales, al parecer tienen una relación bastante similar a la del vinagre con el aceite. ¿Se podrá ser bonita e inteligente a la vez? Por otro lado, ¿qué es lo suficientemente bonita? o por el contrario ¿lo suficientemente inteligente?
Por lo general, la sociedad y el mundo de las comunicaciones se encargan de reafirmar esta condición. Es por esto que la televisión crea parejas como la de mis tocallas, Pamela Díaz y Pamela Jiles (Pinki y Cerebro respectivamente). La dupla consiste en una chica bonita y (¿naturalmente?) abultada, pero al parecer no muy aguda y una mujer menos agraciada (sin negar aquí los encantos y el sex appeal de la periodista), pero con aires bastante más intelectuales. Esto es lo que se nos presenta.
¿La reivindicación?. Bueno, el arsenal actual de periodistas mujeres que están al mando de los noticieros en los diferentes canales, horarios y formatos (Soledad Onetto, Conzuelo Saavedra, Constanza Santa María y Monserrat Álvarez) que muestran como una mujer sí puede ser enormemente atractiva y estar en televisión hablando de actualidad política y situaciones internacionales.
Hay muchos que dicen que los hombres prefieren una mujer que sea menos intelectual. Por lo general, necesitan sentirse admirados por su pareja y esto se vuelve más difícil con mujeres que desafíen a los machos en términos de conocimiento. Pero la contradicción está en que al hombre contemporáneo ya no le gusta la mujer ?gomero?, quiere aquella chiquilla que sea bonita, pero también capaz de hilar una conversación en una reunión social. En consecuencia, ¿qué tiene que hacer una? .
Siempre he soñado con ser una de esas intelectuales de lentes con marco grueso, medias alternativas y con un par de doctorados y magísteres en el extranjero. Pero siempre que he conocido a una de estas mujeres muy exitosas y agraciadas, me doy cuenta que sus vidas amorosas no son compatibles con su intelecto. Por lo general, están solas, pasan de los 30 años y se sienten un poco presionadas por el tema de la maternidad. Es ahí cuando siento miedo y mi diablito interno me propone mejor ser una ama de casa feliz y abnegada (no por eso tonta) pero menos inquieta intelectualmente.
Esta dualidad me aterra, me confunde y me ha quitado el sueño en más de una ocasión.
Los hombres los prefiero inteligentes y más bien feitos. Mi prototipo ideal se ha obsesionado últimamente con la figura de Lagos Webber como mi sex simbol favorito y el dueño de mis fantasías más ocultas. Las mujeres parece que somos más tolerantes y amamos hombres que nos sobrepasen. Por otro lado, me gustaría ser de esas que discuten intensamente con grandes argumentos los temas más candentes de la actualidad nacional.
La verdad es que es terriblemente difícil ser bonita, inteligente y además tratar de fingir no ser tan inteligente frente al sexo opuesto para evitar que ellos corran al verte. Debo reconocer que antes, para elegir un compañero, le tendía una trampa: lo invitaba a mi casa a jugar Trivium, un juego de mesa parecido a la carrera del saber. Si el candidato en cuestión respondía bien las preguntas y me vencía en el juego de mesa, ¡ya está! Definitivamente me gustaba. La inteligencia (aunque muchos digan que tiene varios ámbitos y de seguro no se mide con dados y fichas) era un requisito fundamental.
Con el tiempo me he ido poniendo menos exigente. Ahora ya no los invito a jugar Trivium. Es más, decidí que la compañía se agradece de cualquier forma, aunque los temas a conversar no sean de física cuántica. Recordaré que una mujer puede ser presidenta de la republica, aunque recordemos también que el cargo no se acompaña de una pierna peluda que se siente al lado del sillón presidencial.
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